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El maíz en México

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         1       4       6 CIENCIAS 92󰀭93 OCTUBRE 2008 MARZO 2009  1  4  7   CIENCIAS 92󰀭93 OCTUBRE 2008 MARZO 2009 El maíz en México problemas ético - políticos León Olivé L a problemática del maíz, como se ha ve ni-do planteando en México en las décadas re-cientes, tiene muchas aristas: económicas, sociales, culturales, éticas, políticas, agríco-las, alimentarias, técnicas y científicas, sólo para mencionar algunas. Hay dos temas de relevancia ético-política que deben tener un sustento en concepciones adecuadas de los sistemas técnicos, tecnológicos y cien-tífico-tecnológicos, y que son cruciales en estos momentos en México: 󰀱) ¿Cómo de-bería enfrentarse socialmente la proble-mática de los organismos genéticamente modificados, en general, de las plantas transgénicas, en particular, y muy especialmente el cultivo de maíz trans-génico? 󰀲) ¿Por medio de qué tipos de mecanismos, y con la participación de quiénes, debería decidirse el tipo de tec nología que tendría que adoptarse para incrementar la producción de maíz en nuestro país y, sobre todo, para ga-ran tizar el autoabasto nacional?Para responder a estas interrogantese es preciso pri-me ro examinar diferentes maneras de concebir la ética, la ciencia y la tecnología, y mostrar que estas concepciones no son neutrales, sino que desempeñan un papel ideoló-gico y tienen consecuencias importantes sobre las formas en que se considera correcto tomar decisiones con respec-to a los ámbitos científico-tecnológicos, especialmente los que afectan a la sociedad y al ambiente.En efecto, las formas de entender la ética no son va-lo rativamente neutrales ni están libres de intereses no filo só ficos y no epistémicos. Las concepciones de la ética, especialmente en relación con la ciencia y la tecnología, están ligadas a intereses políticos y económicos, y tam-poco están libres de sesgos cul turales.Por ejemplo, desde cierto punto de vis-ta la bioética ha sido entendida como una éti ca “principalista”, basada digamos en los lla mados principios de Georgetown (be ne-fi cencia, no maleficencia, autonomía y jus-ticia). Esta concepción ha sido acu sa da de insensibilidad ante la diversidad cultural y valorativa que prevalece en el mundo, apar-te de que es afín a una visión verti cal de las prácticas científicas y tec nológicas, donde los principios éticos se im ponen desde arri-ba y se excluye la par ticipación de todos los involucrados para establecer las normas y valores pertinentes en contextos específicos.En oposición a una concepción principalista de la bioé-tica puede proponerse que la tarea de ésta debe ser el aná-lisis crítico de la estructura axiológica de las prácticas so ciales que tienen que ver con la vida, con sus condi cio-nes de posibilidad y con su entorno. De esta manera, los ob  je tos de análisis de la bioética incluirían, entre otras, a las prác ticas médicas, las de investigación farmacológi-ca, las que afectan el ambiente, y en el caso de México y de mu chos paí ses de América Latina, todas aquellas in vo- lu cradas en la cadena de producción, distribución, trans-formación y con sumo del maíz, en la medida que tie nen que ver con el ambiente y con aspectos funda men ta les de la vida huma na, tanto desde una perspec ti va social y cultural, como in dividual, muy especialmente con la nu-trición.Las diferentes concep cio nes tienen distintas con se- cuen cias sobre las formas de responder a la pregunta que nos interesa. Por ejemplo, ¿quiénes deberían inter venir en los procesos de críti ca y, en su caso, modificación de las normas y valores que guían a las prácticas en la pro duc ción         1       4       8 CIENCIAS 92󰀭93 OCTUBRE 2008 MARZO 2009 del maíz, su dis tri bu ción, co- mercialización, transfor ma-ción y consumo, tanto de se-millas como de los produc tos derivados de su cultivo?En relación con las prác-ti cas médicas, bajo la con cep-ción que aquí sugerimos se des pren de que los grupos que deben intervenir en el análi-sis y crítica de las normas y va lores correspondientes no son sólo los médicos y en fer-meros, ni sólo ellos junto con los funcionarios institu cio na-les responsables de los ser vi-cios de salud, sino que tam-bién deben participar los gru pos sociales afectados, pa- cien tes, grupos unidos en tor-no a en fermedades y pa de ci- mientos específicos, etcétera.También las concepciones de la ciencia o de la tecno-logía que se utilicen tienen consecuencias para considerar si éstas son éticamente neutrales. La tesis de la neutrali-dad ética de la ciencia afirma que la ciencia está libre de va lores morales, y que los únicos valores que deben im-pe rar en la ciencia son los epistémicos, es decir aquellos que entran en juego para formular hipótesis y teorías, así como en la decisión de aceptarlas o re cha zarlas. Mediante una separación de los con ceptos de “ciencia” y de “cien-tíficos”, esta posición considera que los científicos, como personas, ciertamente pueden enfrentar problemas éticos, y sus acciones es tán sujetas a evaluación desde un pun to de vista ético. Por ejemplo el plagio o el fraude son éti ca-mente condenables. Pero en tanto que el objetivo de la ciencia es pro ducir co no-cimiento, la evaluación acer ca de si una propuesta de conocimiento está bien fun-dada y se trata de conocimiento autén-tico, de pende de la correcta aplicación de normas y valores me todológicos y epis -té micos, pero de ninguna manera éticos. De aquí apresurada e injustificadamente se concluye que la ciencia está libre de va lores no epistémicos. Otra cosa —para la posición que defiende la neutralidad ética de la ciencia— es que el conocimiento, una vez pro-du cido, se use para bien o para mal. Pero desde el punto de vista de quienes defienden esta tesis, eso ya no es un pro blema de la ciencia, ni de los científicos, sino de quie-nes la usan y la aplican (políticos, empresarios, militares, etcétera). Como veremos, esto es controvertible, por decir lo menos, pues depende de una concepción estrecha de la ciencia, que la reduce a sus productos: los conocimientos.La tesis de la neutralidad ética de la ciencia se sostiene, pues, sobre la base de una concepción de la ciencia que la identifica con sus resultados. Pero existen otras formas de concebir a la ciencia que arrojan consecuencias muy dife-rentes sobre la tesis de la neutralidad. La ciencia pue de con cebirse no únicamente como el conjunto de los re sul-ta dos de las acciones de los científicos, sino como el con- junto de prácticas científicas que generan esos resulta dos (los cono cimientos). De acuerdo con esta concepción, los cono cimientos forman parte de esas prácticas, y los cientí-ficos (las personas) también son elementos cons titutivos de ellas. Prácticas sociales y prácticas científicas Para elucidar el concepto de “práctica científica” comen te-mos primero el de “prácticas social”. Las prácticas so cia les están constituidas por grupos de seres humanos que rea li-zan ciertos tipos de acciones intencionales y son, por tan-to, agentes. Además de los agentes, las prácticas in clu yen una estructura axiológica compuesta por los fines que se per si guen mediante esas ac cio nes, así como los valores y las normas in vo lucradas. Las acciones son guiadas por las representaciones (creencias, teorías y modelos) que tie-nen los agentes, y también involucran conocimiento tá ci-to. Por lo general en todas las sociedades hay prácticas, por ejemplo, económicas, técnicas, educativas, políti cas, re crea-tivas y religiosas. En las socieda des mo der-nas hay además prácticas tecnológicas y cien tíficas.Las prácticas científicas son un tipo de prácticas sociales, que se ca racterizan porque el objetivo principal que se persi-gue en ellas es la generación de conoci-miento, el cual es sancionado de acuerdo con va lo res y normas metodológicas pro-pias de cada disciplina científica, las cua-les garantizan, humanamen te ha blan do, que los resultados que satis facen dichas  1  4   9   CIENCIAS 92󰀭93 OCTUBRE 2008 MARZO 2009 nor mas y valores constituyen cono-cimiento fiable, aunque falible.Desde este otro punto de vista, en tonces, la ciencia se entiende co- mo un conjunto de prácticas que se desarrollan dentro de los sistemas de ciencia, que incluyen no sólo a las ins ti tu cio nes (centros, institutos, uni versidades, etc.) donde se desa-rro lla la ciencia en sentido estricto, sino tam bién a las instituciones y agen cias encargadas del diseño e im-ple mentación de políticas cien tí fi- cas, como el CONACYT , por ejemplo, e incluyen también a los órganos en cargados de la enseñanza y de la comunicación de la ciencia. Así, por ejemplo, la Fa cultad de Cien cias de la UNAM , en tanto insti tución en car-gada de la formación de nuevos cien-tíficos y de profesores de ciencias, forma parte del sis tema científico de México, y la revista Ciencias, en tanto que tiene por mi-sión la co mu nicación de la ciencia a un alto nivel, también.Los conceptos de “práctica científica” y “sistema cientí-fico” son complementarios. De hecho la distinción se hace para fines del análisis únicamente, pues en la realidad social las prácticas científicas están insertas en sistemas científicos, y éstos no existen al margen de las prácticas; al contrario, los sistemas existen y se reproducen por me-dio de ellas. Con el concepto de “sistema científico”, por ejem plo, se hace énfasis en las instituciones en las que se desarrollan las prácticas científicas (centros de investi-gación y enseñanza, universidades), así como en las que se diseñan y aplican las políticas científicas (instituciones como CONACYT ), incluyendo los procesos de evaluación (de individuos, de grupos y de instituciones), así como en las relaciones e interacciones entre todas ellas.Una importante consecuencia de esta manera de con-cebir a la ciencia es que a partir de ella ya no es sostenible la tesis de su neutralidad ética. Pa ra ver eso, basta reparar en que se le en tiende como un conjunto de prác ticas que con sis ten en grupos de agentes intencionales que reali zan determinadas acciones con cier tos propósitos, que uti li-zan determina dos medios para sus fines, y que de hecho generan resultados, algunos previstos y buscados inten cio-nal men te, pero otros imprevistos y no buscados. Los medios utilizados, los fines que se bus can, las intencio nes, y los re sultados de hecho pro du cidos, todo esto es sus-ceptible de evaluación desde un pun to de vista ético.Hay un caso histórico que ilus-tra esto con claridad. Se trata de uno de los episodios más citados en la his to ria de la ciencia donde se vio la-ron las normas éticas más elemen-ta les: la investigación sobre la sífilis en Tuskegee, Alabama, donde du-ran te cuarenta años, entre 󰀱󰀹󰀳󰀲 y 󰀱󰀹󰀷󰀲, con el fin de obtener conoci-miento científico acerca del desa rro-llo de la enfermedad en pacientes que no recibían tratamiento alguno, se hizo un seguimiento de su evolu-ción en alrededor de 󰀴󰀰󰀰 sujetos, to-dos ellos negros, sin informarles que realmente estaban enfermos de sí-fi lis, haciéndoles creer que tenían otro padecimiento, sin ofre cerles ningún tratamiento —co-mo el de la penicilina que se hizo común a partir de 󰀱󰀹󰀴󰀳—, y evitando que recibieran ayuda por parte de alguna otra institución. El experi mento sólo se detuvo cuando surgió un escándalo nacional en los Estados Unidos a partir de una filtración de la información a la prensa. A partir de esta in-vestigación, hecha en nombre de la ciencia, para obtener conoci miento científico, se redactó el llamado Informe Belmont, don de se establecieron en los Estados Unidos los derechos de las personas que participen en investigacio-nes de ese estilo.Podría replicarse que éste es un ejemplo inadecuado, porque esas situaciones ya no ocurren más. Al respecto ha-bría que decir que está por verse que en efecto ya no ocu-rran, es decir, necesitaríamos información empírica para determinar si tienen lugar o no. Pero en cualquier caso, la proliferación de comités de ética, no sólo en la práctica clínica, sino en la investigación en salud en general, es un reconocimiento de la existencia de una variedad de pro-blemas éticos que surgen en la investigación misma, y no sólo en la aplicación de los conocimientos.En cualquier caso, el ejemplo anterior muestra que es indispensable evaluar los medios que se utilizan, aunque el fin que se busque, y el principal resultado de he cho, sea genuino y puro conocimiento científico.         1       5       0 CIENCIAS 92󰀭93 OCTUBRE 2008 MARZO 2009 Algo análogo puede decirse con res-pec to de la tecnología. Suele reducirse la tec nología a los artefactos, o en todo caso a los artefactos más las técnicas por me-dio de las cuales éstos se producen, en-ten diendo por técnicas a los conjun tos de reglas, instrucciones y habilidades para transformar objetos. De nueva cuenta, el problema de concebir así a la tecnología es que se excluye a los sujetos que tienen intenciones, buscan determinados fines, utilizan ciertos medios para lograrlos, y obtienen de hecho ciertos resultados que tienen consecuencias en la sociedad y en el ambiente.Pero existe otra forma de entender a la tecnología, tam-bién como un conjunto de prácticas que se desarrollan den-tro de un determinado sistema conformado por insti tu cio-nes, empresas, industrias, organismos de regulación (que otorgan o niegan permisos para la fabricación y distribu-ción de determinados artefactos) y que están encargados de establecer políticas, etcétera.Bajo esta concepción, las prácticas tecnológicas, a di fe-ren cia de las científicas, están orientadas no ha cia la ge ne-ración de conocimiento, sino a la trans formación de ob- jetos, que pueden ser materiales o simbólicos, aunque muchas veces para ello generan nuevo conocimiento. No necesa riamente buscan satisfacer un valor de mercado, como lo ilustra el caso de mucho del tra bajo que se ha ve-nido rea li zando en torno al software libre en nuestros días, pero es cierto que en las sociedades cuya economía se rige por el mercado, la tendencia dominante es que las prác ticas tecnológi cas generen produc-tos con un valor de cam bio que se realiza en el mercado.Las prácticas tecnológicas incluyen co no- ci miento tácito que las hace posibles, pero ade más están basadas en conoci mien tos que pro vienen en gran medida de prác ti-cas distintas. Una de las características de las prác ti cas tec nológicas es que nece sa- ria mente deben basarse en conocimien-tos científicos, aun que no exclusivamente en ellos.Esta propuesta distingue entonces en-tre prácticas téc ni cas y tecnológicas, re-ser vando el término de “tecnología” para aque llas prácticas cuyo objetivo central es la trans for ma ción de objetos mediante pro cedimientos que se bene fician del co-no ci miento científico. Las prácticas técni cas, en general, son aquéllas que transforman objetos sin hacer uso nece-sa riamente del conocimiento científico. Transformaciones en los sistemas de ciencia y tecnología Las prácticas científicas y tecnológicas que conocemos ac tualmente se vinieron conformando a partir de la revo-lución científica de los siglos XVI  y XVII  y de la revolución industrial del XVIII , y claramente subsisten hasta nuestros días. Sin embargo, en el siglo XX  sucedió otra revolución, la que algunos autores han llamado la revolución tecno-científica.Dicha revolución consiste en el surgimiento, clara men-te desde mediados del siglo XX , pero no sin antece den tes significativos, de prácticas generadoras y transfor ma do ras de conocimiento que no existían antes. En ellas se ge ne-ra conocimiento, se transforma y ahí mismo, en su seno, ese conocimiento se incorpora a otros productos, materia-les o simbólicos, que tienen valor añadido por el hecho mis mo de incorporar ese conocimiento. Dicho valor nor-malmente se debe a que los resultados de esas prácti cas tienen un valor que se realizará en el mercado, o bien por-que son útiles para mantener el poder económico, ideoló-gico o militar (por ejemplo técnicas de propaganda o de con trol de los medios de comunicación).El conocimiento y la técnica, en tanto que permiten trans formar la realidad natural y social, han sido aprove-chadas por muchos grupos humanos para satisfacer sus necesidades, y también han sido puestas al servicio de quie nes han detentado el poder político, económico y mi- li tar desde los principios de la humanidad. Eso no es ningu-na novedad. Pero lo inédito en la historia es que las nue vas prácticas “tecnocientíficas” tienen una estructura distinta
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